La adolescencia es clave en el proceso evolutivo, supone la adquisición de la identidad personal y social, se empieza a crear un estilo de vida propio y nos dotamos de un sistema de valores. Además, la aceptación social es muy importante y está regulada por la imagen corporal y el éxito social. (1)
Según el último estudio de UNICEF España (2024), un 40% de los adolescentes presenta problemas de salud mental, y más del 50% de los trastornos mentales graves en la vida adulta se inician en la adolescencia. (1)
Entre otras, una de las causas de estos problemas es la pubertad: se transforma la imagen corporal, se desarrolla la sexualidad y surgen complejos e inseguridades (1). Una evolución positiva en esta etapa depende de un estilo de vida saludable, la integración familiar, el apoyo social de las amistades y el alcance de sus propósitos (2). Por otro lado, puede verse perjudicada por la baja autoestima, abusos sexuales intrafamiliares, acoso escolar, soledad no deseada, uso excesivo o inadecuado de pantallas, el deseo de éxito social, etc. (2).
Las chicas son las principales víctimas de la presión social, pudiendo provocarles trastornos de la conducta alimentaria (por intentar alcanzar un ideal de belleza inalcanzable o distorsionado) o autolesiones (1). La mayoría se comparan con personas que muestran vidas perfectas (2).
Algunas soluciones a estos problemas podrían ser: la ausencia de estigmatización, la ayuda profesional, un estilo de vida saludable y apoyo familiar y social (1).

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